
Una escena de contemplación donde el paisaje se encuentra con la última luz del día. El árbol, recortado contra un cielo que transita del azul profundo a los tonos cálidos del horizonte, se convierte en el eje de una composición serena y atemporal.
Frente a él, un banco vacío invita a detenerse, observar y simplemente permanecer. La obra captura ese instante silencioso en el que el día termina y el paisaje adquiere una nueva dimensión.
Una imagen sobre la pausa, el paisaje y la belleza de contemplar.

Seña por persona: $5.000